Por qué no debes ir al gimnasio con tus colegas de trabajo


Los partidos de pádel o de fútbol, el gimnasio… Son formas de socializar con los compañeros de trabajo (y con los jefes). Pero debes poner unos límites y valorar si aportan beneficios a tu carrera profesional.

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El sweatworking es el nuevo networking”. Esta proclama reciente de la revista Businessweek viene a decir que “sudar con los colegas de trabajo” en un gimnasio, en un partido de pádel o en la tradicional pachanga futbolera nos pueden llevar a una nueva dimensión en las relaciones profesionales.

En realidad, Businessweek se refiere a la tendencia que muchas compañías tienen de favorecer ese tiempo de socialización con los colegas de trabajo, convencidas de que, como poco, sirve para hacer equipo, generar complicidad o para impulsar el engagement. Que facilita las relaciones transversales, cada vez más necesarias en las organizaciones, y logra vínculos que impulsan los procesos internos que acaban con las áreas estancas.

Paco Muro, presidente de Otto Walter en España, opina que “es positivo fomentar las buenas relaciones en la empresa y realizar actividades que propicien un buen ambiente, y así favorecer el rendimiento del grupo. Pero si esto genera mal humor, vendetas, odios, pérdida de modales o excesos de confianza, y deja de cumplir con su objetivo, pasando de ser algo que suma, a algo que resta, es mejor dejarlo”. El estudio Los siete principios de psicología positiva que impulsan el éxito y el desempeño en el trabajo revela que aquellos profesionales que impulsan la amistad en su compañía y organizan actividades sociales en el lugar de trabajo tienen un 40% más de posibilidades de promocionar en los dos años siguientes; y una reciente encuesta de Gallup indica que un buen amigo en el puesto habitual incrementa la satisfacción profesional en un 50%. Además, aquellos que tienen la suerte de tener un “mejor amigo” en el trabajo, son siete veces más proclives a estar comprometidos y enganchados en su puesto.

Eres muy transparente

Sin embargo, debes tener en cuenta que hay circunstancias de socialización –como el gimnasio o la cancha– que te hacen especialmente transparente y vulnerable.Ovidio Peñalver, socio director de Isavia, recuerda que en estos momentos se baja la guardia y se hacen o se dicen cosas de las que uno puede arrepentirse. “Es algo así como ampliar un rol profesional a un ámbito que en su origen es privado”.

Paco Muro advierte de que hay que tener cuidado “en la cancha”, pues deja al desnudo nuestro “otro yo”, que en el mundo profesional es comedido y está en su sitio. Muro añade que “el fragor de la competición muestra las miserias de quien las tiene, las que estaban escondidas bajo la americana”. Y ofrece un consejo: “Si juegas entre compañeros de trabajo, recuerda en todo momento que mañana en la empresa necesitarás al que ahora tienes en tu equipo, o en el contrario, así que cuida tu comportamiento al máximo”. Debes ser el compañero de pádel, yoga o pilates que a todos nos gusta tener.

Muro explica que “en una cancha, algunas personas se transforman y su comportamiento competitivo dista mucho del profesional. Los hay que se convierten en auténticos energúmenos, que gritan al compañero, hacen trampas bochornosas a la vista de todos, muestran una asombrosa falta de compasión con el débil o que destapan una agresividad desconocida. Igualmente los hay que evidencian una inconstancia y falta de compromiso con el equipo abrumadora, desidia por entrenar o mejorar, o un incumplimiento permanente de compromisos, desde llegar tarde hasta no acudir a un partido y dejar a todos colgados”.

Reflejo de la realidad

La clave está en que todo lo que aparece en el gimnasio, o en una cancha, no se queda ahí. Muro afirma que “esa influencia ya ha afectado a la imagen de la persona y no puede separarse de la imagen profesional. El que hace trampas o es un informal en la pista, siempre despertará sospechas de que será capaz de hacerlo en la empresa. El que es un chupón y sólo busca su protagonismo dejando tirado al equipo cuando le conviene, probablemente no sea capaz de apoyarte si las cosas se tuercen. Tampoco sería recomendable hacer jefe a aquel que resulta demasiado agresivo y maltrata a los que no están a su nivel. Y no querrás contar con el que se rinde y abandona la partida cuando va perdiendo”.

Ovidio Peñalver considera que mucha gente puede verse obligada a participar en este tipo de socialización porque se pone de moda: “Eres el raro si no lo haces y lo peor que te puede pasar es que te incluyas por obligación”. Tampoco ayuda demasiado que la supuesta socialización con los colegas de trabajo suponga un plus de estrés en vez de relajarte. Y la cosa empeora si no consigues desconectar del trabajo.

Peñalver añade que “puede que termines compitiendo por hacer más o por hacerlo mejor, y eso lleva a extender la competencia de la oficina al gimnasio o a la pista”.

Podría ser aún peor

Todo esto se agudiza si, además de los compañeros, está tu jefe presente. El socio director de Isavia explica que “aquí entran cuestiones como hasta qué punto tienes que dejarte ganar, o si le has de dar conversación”. Paco Muro coincide en que la cosa se complica si la actividad es con el jefe: “Si se pasa, influye; si no da el nivel, influye; también si grita, si permite que le griten, si no sabe ganar o perder… Su liderazgo quedará marcado, para bien o para mal”.

¿Y si metes en esto a tu jefe?

Socializar en el entorno laboral, como todo, tiene sus ventajas e inconvenientes. Pero los expertos coinciden en que, si el jefe está metido en ello, resulta mucho más difícil de sobrellevar. Este tipo de socialización repercute en el compromiso y en la productividad, pero hay que entenderla bien. Uno de los ejes de compromiso de los empleados es el que tienen con su jefe, además del que mantienen con la empresa, los compañeros y el trabajo. El compromiso con el jefe incide directamente en la cuenta de resultados de la compañía.

– La socialización con los empleados, bien entendida, permite obtener beneficios cuando se trata de hacer equipo. En aquellos que están bien armados y configurados existe filiación personal, dentro y fuera del trabajo. Pero debes tener en cuenta que no todos los jefes saben hacerlo correctamente.

– Analiza si tu jefe es de los que cree que hay que guardar las distancias, que debe ser frío y sólo profesional. En muchos casos esto es un signo de inseguridad de quien no quiere mostrarse al otro. Puede ser que tu superior sea de los que considera a sus empleados ‘ante todo colegas’. Para este tipo, la jerarquía no existe y todos somos iguales, y esto puede agobiar a quien no quiere entrar en este espacio.

– Saber venderse y estar cerca del jefe es una habilidad que puede reportarte muchos beneficios. De hecho, hay gente dedicada exclusivamente a esto. Hay quien concede una gran importancia al hecho de saber venderse allá donde priman las relaciones personales, aunque esto debe hacerse en horario de oficina, puesto que si son necesarias otras horas para hacerlo significa que algo no funciona en la compañía.

– Cuando un jefe se involucra con las personas de su equipo pierde objetividad. La cercanía lleva a valorar más al que está cerca, en detrimento de los más cualificados. Promocionar de este modo no es propio de un buen jefe sino de alguien con hábitos de liderazgo mediocres.

Por qué no debes ir al gimnasio con tus colegas de trabajo, Emprendedores&Empleo, expansion.com

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Publicado en Psicología

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